La reciente situación hidrológica en la zona de los pantanos de Montoro destaca un fenómeno interesante que podría marcar un punto de inflexión en la gestión de recursos hídricos de la región. Los dos pequeños embalses conocidos como el Montorillo y el Mesto, han comenzado a desaguar hacia el pantano de Montoro, un proceso que, aunque pueda parecer menor dada la capacidad limitada de estos embalses, está contribuyendo significativamente a la recuperación del sistema acuífero.

El Proceso de Recuperación

La dinámica de desagüe de estos pantanillos hacia el pantano de Montoro, culmina en el Montoro grande, creando una cadena de aporte que, en días de intensas lluvias, se traduce en una notable recuperación del volumen de agua almacenada. En el transcurso de apenas dos días, se ha registrado un incremento aproximado de tres hectómetros cúbicos en el nivel del agua, un dato que, aunque no suficiente para llenar el embalse, sí representa un “empujoncillo” notable hacia su recuperación.Este fenómeno no solo es relevante por el aporte hídrico directo, sino también por lo que sugiere en términos de gestión y planificación. La capacidad de estos embalses de actuar como reguladores temporales del flujo hacia el Montoro grande abre una ventana a la optimización del aprovechamiento de los recursos hídricos, especialmente en momentos críticos de escasez.

 Perspectivas Futuras

La importancia de esta recuperación adquiere mayor relevancia cuando se considera el ciclo anual completo. La acumulación de agua durante los meses de invierno y primavera es crucial para asegurar el suministro en los periodos más secos de verano. En este sentido, la contribución de los pantanillos, aunque modesta en comparación con las capacidades totales del sistema, se convierte en un elemento clave para la sostenibilidad hídrica.Además, este fenómeno pone de manifiesto la necesidad de una gestión integrada de los recursos hídricos que contemple no solo los grandes embalses, sino también aquellos elementos menores del sistema que, en conjunto, pueden hacer una diferencia significativa. La optimización de los flujos entre embalses, la previsión meteorológica y el manejo cuidadoso de las cuencas son aspectos que, bien coordinados, pueden mejorar la resiliencia frente a la variabilidad climática..