20 años. Fue nombrado héroe nacional por salvar la vida de centenares de personas esa mañana y, además, es conocido por ser el último hombre en salir con vida de la primera Torre que se derrumbó aquel fatídico 11-S. Así cuenta su experiencia respondiendo  a las preguntas de Mónica Carrillo.

¿Usted se encargó de evacuar los primeros pisos del rascacielos?

En los 39 pisos fui paso por paso con la llave maestra, a la que llaman la llave de la esperanza [la muestra], tuve que liderar a los bomberos porque ellos no conocían el complejo y tuve que ir piso por piso abriendo las puertas para que la gente saliera.

¿El Word Trade Centre ya había sufrido un atentado y ustedes recibieron entrenamiento sobre lo que debían hacer si se volvía a repetir una situación similar?

No, lo que hacían eran ejercicios de evacuación. La gente tenía que salir al pasillo y romper una cajita que les comunicaba con el director contra incendios para decirles si el fuego estaba debajo o por arriba para que la gente supiera hacia dónde tenía que ir. Desgraciadamente, el 11-S, cuando el avión impacta, destruye el sistema de comunicaciones y la gente estaba esperando instrucciones en los pasillos sin darse cuenta de lo que tenían que hacer. Por eso tuvimos que evacuarlos nosotros, porque había una desorientación total en ese momento.

¿Dónde estaba usted en el momento del colapso de los edificios?

Me dicen el último hombre en salir porque tuve que ir al frente a avisar a una ambulancia para una persona en silla de ruedas que tenía un ataque de asma y cuando me acercaba a la policía me gritaron que no mirara hacia atrás. Entonces, me giré y vi los cuerpos de todas las personas que se tiraron, cuerpos irreconocibles porque habían caído de 80 o 90 metros de altura y explotaban en el suelo. Empezaron a correr y a gritarme que corriera porque el edificio comenzó a tirar proyectiles de escombros hacia los lados porque se estaba derrumbando piso por piso. Lo único que yo vi fui un camión de Bomberos y me tiré debajo de él, donde quedé sepultado vivo bajo los escombros durante horas. Gracias a que la televisión estaba allí y vieron que el último hombre en salir era yo y estaba en esa área, pudieron identificar dónde comenzar el proceso de evacuación.

¿Se puede sacar algo positivo de una experiencia como aquella?

Claro, uno aprende qué es lo que de verdad importa en la vida. Yo aprendí que lo que de verdad importa es la familia y los amigos. La familia porque casi pierdo a mi madre de un infarto porque la llamé desde el edificio y de repente ella vio que se derrumbaron las Torres y por poco muere de un ataque al corazón. Además, perdí 200 amigos ese día y, por eso, 20 años después yo he hecho una misión de rehumanizar lo que ocurrió para que la gente no se olvide.

Ahora hay una nueva generación que no vivió esto y esto fue un crimen internacional porque 92 países se vieron representados en las víctimas que murieron ese día.

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