Un total de 21 sintecho que vivían en las calles de Barcelona han fallecido desde que se decretara el estado de alarma el pasado 14 de marzo. Así lo aseguran los datos recabados por la Fundación Arrels, que confirman que 17 de ellos murieron directamente en la calle

De estas 17 personas, la más joven tenía 22 años y la más mayor 71. Los motivos no han sido directamente la Covid-19, aseguran desde la fundación, pero el contexto de pandemia sí que está presente. De hecho, este mes de enero han fallecido en la ciudad tres personas sin hogar en poco más de una semana.

Días de frío, de lluvia, o por el contrario, las elevadas temperaturas, hacen que este colectivo esté expuesto a los riesgos que supone hacer vida en la calle. No solo eso, sino que las agresiones físicas y verbales a las que están expuestos hacen que el peligro se multiplique. Según Arrels, tres personas fueron víctimas de homicidios violentos durante el mes de abril, en pleno confinamiento. En este sentido, el estallido de la pandemia de la Covid-19 ha «agravado y evidenciado» los riesgos que sufren las personas que viven en la calle, apuntan.

El 22% duerme al raso a raíz de la pandemia

El pasado mes de noviembre un centenar de voluntarios participaron en el recuento de personas sin hogar que la fundación Arrels organiza periódicamente. Los datos que se desprenden de esta actuación indican que el 22% de los sintecho que ahora viven en la calle lo han hecho a raíz de la pandemia y nunca antes habían dormido al raso. De mediana, llevan en la calle cuatro meses.

Hombres de 43 años y migrantes es el perfil predominante de alguien que vive en la calle: el 88% son hombres, mientras que ocho de cada diez son personas migradas. Las mujeres tienen una edad media de 46 años y los hombres 42.

Solo un 11% ha acudido a los equipamientos de emergencia habilitados

El Ayuntamiento de Barcelona habilitó distintos equipamientos desde que empezó la emergencia sanitaria para que aquellos que no tenían un techo pudieran protegerse. Sin embargo, solo un 11% hizo uso de las instalaciones, mientras que el 83% no acudió a ellas porque «no daban respuesta a sus necesidades» y debido a la complejidad de la situación de muchas personas en la calle. 

Aun así, sí es cierto que sirvió para que otras familias no se tuvieran que ver sin un techo. Según el Ayuntamiento, un 40% de los alojados no había vivido nunca antes en la calle.

Conseguir comida caliente, la mayor dificultad

La mitad de los entrevistados confesó que la mayor complicación que tuvieron durante el estado de alarma fue conseguir un plato de comida caliente, a la vez que hacer trámites relacionados con la documentación.

A causa del coronavirus, muchos han perdido el trabajo y ahora no tienen manera de conseguir ingresos. Seis de cada diez entrevistados confesaron que ahora su situación es peor que antes de la pandemia. A todo esto hay que sumarle la sensación de aislamiento social y el sentimiento de abandono durante el confinamiento.

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