El expresidente de la Generalidad que lideró el golpe de Estado, Carles Puigdemont, ha celebrado el quinto aniversario de su fuga (de la que siempre ha negado que fuera escondido en el maletero) con una larga carta en la que desvela las maniobras de Pedro Sánchez para conseguir su vuelta a España con promesas sobre cambios en el Código Penal, “buen trato” y un indulto.

Así, el prófugo presume, con cierto tono de amargura, de que “en estos cinco años no he buscado ninguna solución personal ni he pedido a nadie que lo hiciera en mí nombre; no he buscado de qué manera pasaría menos años en una prisión española, ni he esperado para mí los beneficios que se han aplicado a otros”. Y añade: “Sobre esta cuestión he sido explícito en público y en privado, ante todos los interlocutores que se me han dirigido para proponerme ‘soluciones felices’. También con gente del PSOE que en diversas ocasiones me ha venido a ver para generarme expectativas de un buen trato, vía reforma del Código Penal, y un indulto. Siempre y cuando, claro, aceptase comparecer ante el Supremo. Seguro que Pedro Sánchez sabe de qué hablo”.

Puigdemont arremete además contra la negociación que lleva a cabo la Generalidad con el Gobierno y escribe que “no entiendo cuál es el beneficio de la reforma del delito de sedición para la resolución del conflicto político entre España y Cataluña y aún entiendo menos que se me incluya entre los que saldrían beneficiados”. Y remacha: “Puedo entender los beneficios que tiene para el Estado español el hecho de que yo aceptase una resolución basada en la reforma del Código Penal, pero los beneficios para el proceso de independencia no los veo por ningún lado“.

Un “alivio” que rechaza

En su texto, el prófugo lamenta que se haga “befa” y “escarnio” de su situación y de sus opiniones y defiende el sentido del “exilio” como una forma de hacer política, una “estrategia” en la que no busca lo que define como “situaciones personales”. También constata que su situación es un tema recurrente en las conversaciones entre el PSOE y ERC a pesar de que “no lo he pedido ni les he autorizado”.

Puigdemont asegura que para él sería un “alivio” comparecer ante el Tribunal Supremo porque sabe que “se desvivirían para que fuese indultado a los tres años de condena”. Sin embargo, avisa de que “eso sería una renuncia política que no estoy dispuesto a aceptar”. En otro pasaje advierte de que “he intentado ser fiel a un compromiso que me impuse en los momentos más dolorosos y difíciles: el de no hacer del sufrimiento personal y el dolor emocional ninguna excusa, ninguna coartada, ningún elemento del discurso político”, una indirecta a su adversario Oriol Junqueras, con quien mantiene unas relaciones nefastas.