Tras unos meses marcados por los extremos climáticos, las altas temperaturas y el avance de las sequías, la presencia de estos insectos está disminuyendo a cotas inéditas. Todavía no hay cifras definitivas sobre cuántas abejas han desaparecido en el último año pero, según apuntan científicos y apicultores, los primeros recuentos de las colmenas muestra que se podrían han perdido cerca de un tercio de los ejemplares y que la cosecha de miel ha caído al menos un 50%. Si los presagios se confirman, este podría ser el primer año desde que existen registros en el que España pierde abejas.

La crisis apícola es un síntoma más del avance de la crisis climática en España. Este año, por ejemplo, las sequías y el calor extremo del verano han secado muchas plantas y han evitado que muchas otras florecieran. La falta de lluvias ha mermado la presencia de charcas. Y a falta de flores y agua, muchos insectos se han visto expuestos a una falta de alimentos sin precedentes. Los extremos climáticos (como las heladas repentinas del invierno o las altas temperaturas del verano) también han entorpecido la época de reproducción, han mermado la cría de estos insectos y ha reducido sustancialmente la población de abejas que entra en hibernación.

“Estamos ante un problema acumulativo. Este año ha sido especialmente trágico, pero en cierto modo la sensación es que llueve sobre mojado”, explica el biólogo Gerardo Caja, director del proyecto UABee de la Universitat Autònoma de Barcelona. Según esgrime este experto, el avance de la crisis climática expone a las abejas a cada vez más amenazas. En las especies silvestres se observa una pérdida de poblaciones de un 10% anual. En el caso de las abejas de apicultura, en palabras de Caja, “hasta ahora la especie ha aguantado el chaparrón por la incansable labor de los apicultores, no porque lo tengan más fácil”.