El juez no tiene un pelo de tonto y el ‘camello’ ni uno en la cabeza. Su cabello será determinante para el futuro: o se deja “coleta o coletilla”, o irá a prisión.

El asunto, más allá de lo curioso, no es fácil. Quien se sentó en las últimas horas en el banquillo de los acusados sufre alopecia, pero el magistrado le pide sus mechones, cada tres meses, para analizarlos y comprobar que ya no es consumidor de sustancias estupefacientes.

El diálogo entre ambos comenzó con un “¿tiene usted pelo?”, a lo que el acusado solo respondió con un gesto, mostrando su cabeza rapada y agregando, tras ello, un “ve que no”.

Ocurrió en la Audiencia de Pontevedra, en Vigo, en donde se cerró una vista de conformidad que ordena al hombre alopécico a dejarse crecer el pelo para confirmar que “esta limpio”. Se le acusa de traficar con cocaína y, tras aceptar tres años de cárcel por ello, podría librarse de cumplir condena si se confirma que el programa de desintoxicación, al que asiste en la unidad asistencial de O Porriño, hace efecto sobre él.

La Fiscalía le benefició de un atenuando por drogadicción, al declararse él toxicómano, y rebajó su condena inicial hasta los tres años. Ahora, las muestras de pelo que entregue a los forenses serán cruciales para buscar trazas químicas que indiquen si continúa consumiendo o no.

Además de su melena, debería pagar también con dinero. La multa, por el tráfico de drogas, asciende hasta los 3.700 euros.

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