«La Freire», el bus «de toda la vida» entre Lugo y Santiago, hace hoy su último viaje después de 75 años. Ese vehículo gris que llevó a innumerables estudiantes, peregrinos o funcionarios y que comunicaba los pueblos con la capital gallega y con Lugo ha sido sustituido por una UTE conformada por Monbús y Alsa. «El pez grande al final se come al pez pequeño», comentaba ayer la taquillera de Freire en la estación de autobús de Lugo. Su mostrador ya luce una persiana bajada. Un pez pequeño que ha sido el referente por excelencia de la comunicación por las provincias del norte de Galicia.

La empresa lucense Freire, fundada en 1911, comenzó a explotar esta línea en 1945. Se convirtió en el única manera de llegar desde la ciudad de Lugo a Santiago, pero sobre todo en la conexión de los concellos que se encuentran en el camino. La línea histórica pasa por los municipios de Guntín, Palas de Rei, Melide y Arzúa. Fue el transporte para comunicarse entre pueblos y, en especial, con esas dos ciudades. Por ello, las peticiones de más horarios y más paradas fueron una constante en su historia para adaptarse «a las horas de gestiones en Santiago». El trayecto, de unas dos horas por la N-547, tiene casi 60 paradas oficiales, aunque las reales son muchas más. Porque era el autobús de «párame nesa esquina, por favor», como recuerda alguno de los conductores.

Quizá los viajeros más asiduos de esta línea han sido los estudiantes de la USC. El domingo por la tarde, un cargamento de maletas y universitarios abarrotaban la estación de Lugo. Llenaban todos los fines de semana el servicio, lo que obligó a poner autobuses de refuerzo los viernes desde Santiago y los domingos desde Lugo. Estas eran líneas directas, que hacían su trayecto por la autopista, reduciendo la duración del viaje aproximadamente en una hora. Ya en el 1992, La Voz recogía la exigencia de 50 estudiantes vilalbeses pidiendo más horarios y paradas más cercanas al campus norte compostelano. Veinticinco años después, en el 2017, se publicaba la denuncia de una quincena de personas que viajó de pie por falta de plazas. Buena parte de ese éxito estaba en que Renfe nunca ofreció un servicio competitivo a Santiago.

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