La crisis energética que asola a Europa está golpeando con una especial fuerza a Alemania, uno de los países que mayor dependencia energética tiene de Rusia por el flujo de gas que llega a través del gasoducto Nord Stream. El país germano se preocupó notablemente hace unos días, cuando el gasoducto Nord Stream dejó de transportar gas a pleno rendimiento, creyendo que Putin podía haber ordenado cortar el suministro. Sin embargo, Rusia lo achacó a una avería.

Fue en julio cuando se suspendieron todos los servicios a través del gasoducto durante un plazo de 10 días. La compañía energética Gazprom explicaba que se estaban realizando tareas de mantenimiento y que se requería que se llevara una turbina para instalarla en el gasoducto y lograr nuevamente que funcionara al 100 %. Iniciado el mes de agosto, la turbina sigue sin llegar y en Alemania empieza a haber nervios por ver reducido el flujo del gas hacia sus fronteras.

El canciller federal alemán, Olaf Scholz, asegura que la turbina ya está lista y que, para que sea trasladada, “solo falta que Gazprom la pida“. El constante retraso en las reparaciones y el misterioso hecho de que la empresa energética no solicite la turbina ha llevado a Scholz a decir que las afirmaciones de Rusia en alusión a los supuestos “problemas técnicos” que ocasionaba la necesidad de dicha pieza “no responde a la verdad”, mostrando su enfado por la situación actual.

¿Hay que estar preparados para cortes de gas en otoño e invierno?

La amenaza de que Rusia pueda cortar el gas supone todo un peligro para países que tienen una absoluta dependencia energética de Rusia, como es el caso de Bulgaria o de Hungría, o parcialmente, como ocurre con Alemania. En su caso, ellos están tomando medidas de ahorro energético para prevenir un posible corte del suministro de gas ruso y que no se vean tan afectados como lo podrían llegar a estar si finalmente dichos cortes terminan por producirse.

España, afortunadamente, tiene muy pocas probabilidades de sufrir estas consecuencias adversas. Al no tener una dependencia energética directa de Rusia, nuestro compromiso con el ahorro energético se ha visto reducido hasta la mitad (en el bloque comunitario se acordó un 15 %). La buena suerte de España está también basada en el estatus de isla energética que ha adquirido junto con Portugal, y que les ha sido de gran utilidad para consolidarse en la vanguardia de la energía europea a largo plazo.

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