Este municipio, el más diminuto de la provincia de Flevoland, en el que se vota a Unión Cristiana, al cristianodemócrata CDA y a los calvinistas ortodoxos del SGP tiene otra característica, ser uno de los municipios marcado en el mapa de los Países Bajos como un punto rojo, ya que sus ciudadanos piensan que el coronavirus se cura comiendo pescado y yendo a misa.

“No es que nos creamos mejores en Urk o que no queramos escuchar al Gobierno. Queremos obedecer, pero dentro de los mandamientos de Dios. Hacemos esto por la salvación de las almas de la gente. El contacto ha desaparecido, y no se tiene en cuenta el malestar psicológico del municipio”, argumenta Hessel Snoek, de la iglesia Sionkerk. Escribió una carta a sus feligreses en primavera invitándolos a rezar y el alcalde se negó a intervenir por libertad de culto.

El ministro de Justicia, Ferdinand Grapperhaus, él mismo del CDA, les transmitió otro mensaje: “pedimos a todos en Países Bajos, incluida la comunidad eclesiástica de Urk, que continúen haciendo un esfuerzo conjunto para combatir el virus”.

Periodistas agredidos

El pueblo ha creado tanta expectación en Holanda que con la apertura de las iglesias o con cualquier tema relacionado con el Covid, periodistas, cámaras y fotógrafos acuden para informar desde el pueblo, pero una vez allí, los profesionales de la comunicación no son bien recibidos. En los últimos meses, un periodista fue atropellado por un ciudadano de Urk, en el mismo tiempo un cámara fue recibido a golpes por dos hermanos de la población, y es que cuando a los ciudadanos se les pregunta por la pandemia la gran mayoría no contesta o se sienten incómodos ante las preguntas de los periodistas.

Datos de Urk

Una investigación del banco de sangre Sanquin mostró a principios de este año que el 38% de los residentes de Urk tenía anticuerpos. “Es notablemente alto y mucho más que el promedio nacional, pero no es suficiente para la inmunidad colectiva”, dijo el investigador Hans Zaaijer en abril.

Y es que con el 80% de la sociedad neerlandesa completamente vacunado, Urk es un punto rojo oscuro, en el que casi nadie quiere la vacuna ya que solo un 23% la posee, es decir, solo una de cada cuatro personas ha sido vacunada.

Este pequeño pueblo ha protagonizado las protestas más violentas del país, y además tuvoque cerrar el centro de vacunación por la falta de afluencia.

De momento, su ciudadanos seguirán confiando en Dios para que los salve, ya que el 95% de su población va a la iglesia, además de comer pescados para hacer frente a una pandemia que se ha llevado por delante la vida de millones de personas.

 

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