diez años de una de las tardes más complicadas vividas en Noruega. El 22 de julio de 2011, en una tarde de verano como cualquier otra, se producían los atentados de Noruega.

En un primer lugar, una camioneta con 950 kilos de explosivos en su interior estallaba en pleno centro de la ciudad de Oslo, concretamente a las puertas de la sede del Primer Ministro, el laborista Jens Stoltenberg. La tragedia comenzaba para un país en el que la confusión, el miedo y la incertidumbre tomaban protagonismo, ya que no es algo a lo que estuvieran acostumbrados. Fueron ocho personas las que fallecían en aquel primer ataque y otras muchas personas resultaban heridas.

Lo que no sabían es que la cosa no acabaría ahí. Después de esto, el responsable del atentado Anders Breivik se desplazó hasta la isla de Utoya. Allí, se estaba celebrando un campamento de verano de las juventudes del Partido Laborista, en el que participaban alrededor de 650 jóvenes y adolescentes. Los engaña haciéndose pasar por Policía para que los jóvenes creyeran que les protegería ante lo sucedido en Oslo. Sin embargo, acabaría matándolos a tiros. 69 jóvenes morirían asesinados por Breivik. Una historia trágica de la que los noruegos, aun habiendo transcurrido diez años, no se olvidarán.

Atentado en Utoya

Fue en los primeros momentos de la tarde, sobre las 17:00 horas, cuando Breivik llegaba a la isla de Utoya, que está situada a unos 40 kilómetros de Oslo. Conseguía llegar hasta allí en un ferri. En cuanto se baja de él mata a la responsable del campamento y a uno de los policías que vigilaban la zona. Muchos de los jóvenes que se vieron atrapados en esa situación, deciden lanzarse al lago para salvar sus vidas. Los ocupantes de un camping cercano, al escuchar los disparos, salen a buscarles para prestar su ayuda, pero muchos también son alcanzados por los disparos. Aquello se convirtió en una terrible matanza.

Anders Breivik

El asesino, Anders Breivik, llegaba a la isla de Utoya al grito de “Van a morir, marxistas”. Tras algo más de una hora desde que desembarca en la isla, la Policía consigue acceder y lo detienen. El asesino no opone resistencia.

En estos momentos cumple una condena por la que debe estar 21 años en prisión, aunque la justicia noruega podría prolongarla indefinidamente en el caso de considerarle una amenaza para la sociedad.

Aun 10 años después, los noruegos no olvidan lo sucedido, ya que nunca antes habían vivido algo igual.