Una investigación de Luis Miguel Ortiz García-Minguillán sitúa la torre telegráfica sobre los restos de la antigua ermita de Santa Ana.
Puertollano aclara el misterio de la Chimenea Cuadrá
La conocida como Chimenea Cuadrá de Puertollano se construyó sobre los restos de la antigua ermita de Santa Ana, según la investigación desarrollada por Luis Miguel Ortiz García-Minguillán.
El trabajo arroja luz sobre uno de los misterios históricos vinculados a la localización de este templo, levantado en la cumbre del cerro de Santa Ana, un enclave que anteriormente ya había sido utilizado como espacio estratégico para una fortaleza de control del paso hacia Al Andalus.
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La investigación sostiene que la torre telegráfica aprovechó los cimientos de una ermita que ya existía en el siglo XIV y que fue abandonada en el siglo XIX, debido a su difícil acceso y al mayor peso devocional que fue adquiriendo la Virgen de Gracia.
El hallazgo conecta la historia religiosa, defensiva e industrial de Puertollano en torno a uno de sus elementos patrimoniales más reconocibles.
La antigua ermita de Santa Ana bajo la torre
Luis Miguel Ortiz García-Minguillán, doctor en ingeniería y exconcejal de Festejos, ha realizado una prospección sobre el terreno que le ha permitido examinar los restos conservados en el entorno de la Chimenea Cuadrá.
Según su investigación, la torre se levantó sobre los cimientos de la antigua ermita de Santa Ana, cuyos materiales fueron reutilizados posteriormente en la construcción de la torre telegráfica.
Los restos del templo sirvieron como ripios y piedras sillares en la obra realizada a mediados del siglo XIX, una práctica habitual en construcciones de la época cuando se aprovechaban materiales de edificaciones anteriores.
Ortiz también ha constatado vestigios de la antigua noria que daba agua al huerto del santero, un dato que refuerza la existencia de un conjunto vinculado a la ermita y a su vida cotidiana.
La investigación permite reinterpretar el enclave no solo como una torre telegráfica, sino como un lugar con varias capas de historia acumuladas durante siglos.
Un libro sobre la torre telegráfica de Puertollano
Estas conclusiones se recogen en el libro “La torre telegráfica de Puertollano. El sistema de comunicación del General Narváez con la Corte”, publicado por Ediciones Puertollano.
La obra fue presentada en el Centro de Adultos Antonio Machado, en un acto que contó con la participación de Jesús Caballero y del editor Javier Flores.
La presentación reunió a numeroso público, entre el que se encontraban el alcalde de Puertollano, Miguel Ángel Ruiz, y el primer teniente de alcalde, José Antonio Barba, además de familiares y amigos del autor.
El libro ofrece una mirada amplia sobre la historia de la Chimenea Cuadrá, su función en el sistema de comunicación del General Narváez y el papel que tuvo Puertollano dentro de la red de telegrafía óptica entre Madrid y Cádiz.
Una torre con diseño de fortaleza
La Chimenea Cuadrá es una torre telegráfica óptica y está considerada una de las mejor conservadas de las doce que se levantaron en la provincia.
Su diseño responde al modelo de José María Mathé, concebido como una fortaleza situada en lo alto del cerro de Santa Ana.
La estructura contaba con una base inspirada en las torres de vigilancia de la Edad Media, tres troneras para albergar hasta una veintena de soldados, acceso en la zona intermedia mediante escalera, dormitorio, cocina y una zona de observación.
Las distintas dependencias se comunicaban a través de una escalera de caracol, lo que muestra que no se trataba de una simple construcción técnica, sino de una instalación preparada para vigilancia, comunicación y permanencia de personal.
Puertollano fue la torre número 26 de las que se pusieron en marcha en la línea entre Madrid y Cádiz desde finales de 1849 y junio de 1850.
Por qué se llama Chimenea Cuadrá
El nombre popular de Chimenea Cuadrá surgió para diferenciar esta construcción de la chimenea redonda de la desaparecida fábrica de fundición de plomo, situada en la zona del paseo de El Bosque.
Aunque su apariencia acabó asociándose en la memoria popular a una chimenea, la investigación de Luis Miguel Ortiz refuerza su verdadera naturaleza como torre telegráfica óptica.
La obra también revela la importancia del General Narváez, presidente del Consejo de Ministros, en la construcción de esta línea telegráfica.
Narváez acudía cada verano a Puertollano para aliviar sus dolencias en las aguas ferruginosas, y su presencia fue determinante para que el trazado pasara por la localidad, pese a que inicialmente estaba previsto por Despeñaperros.
La torre se convierte así en una pieza vinculada tanto a la historia local como a las comunicaciones del Estado en el siglo XIX.
Las ventanas de Narváez y la Casa de Baños
Uno de los aspectos más curiosos de la investigación se centra en la relación entre la torre telegráfica y la actual Casa de Baños de Puertollano.
Según expuso Ortiz durante la presentación, Narváez impulsó a través de la Diputación Provincial la construcción de este edificio, que en su planta superior dispone de diez ventanas.
Estas ventanas habrían permitido una rápida comunicación del presidente del Consejo de Ministros con la torre telegráfica, mediante un sistema basado en la apertura o cierre con valores del 0 al 9.
La explicación aporta un nuevo elemento de interés al patrimonio local, al conectar la arquitectura de la Casa de Baños con el sistema de comunicación óptica y con la actividad política de la época.
Este vínculo refuerza la singularidad histórica de Puertollano como punto estratégico en una red de comunicación nacional.
Del telégrafo óptico al abandono
La torre telegráfica de Puertollano estuvo en funcionamiento hasta 1857, año en el que la telegrafía óptica fue sustituida por la telegrafía eléctrica.
Ese cambio tecnológico provocó el abandono progresivo de la instalación y, con el paso del tiempo, el deterioro de sus elementos.
Ortiz explicó que la torre sufrió actos de vandalismo que afectaron a enseres, puertas y a la estructura de madera de la techumbre.
La pérdida de esa estructura provocó que la construcción acabara venciendo y reduciendo su altura hasta adoptar la imagen con la que ha llegado a la actualidad.
Pese a su deterioro, la Chimenea Cuadrá sigue siendo un lugar emblemático de Puertollano, cargado de memoria histórica, religiosa, defensiva y popular.
Un mirador histórico para Puertollano
Durante generaciones, el entorno de la Chimenea Cuadrá ha sido escenario de convivencia y celebración en jornadas como el Día del Chorizo y el Día del Hornazo.
También ha tenido un papel como punto defensivo durante conflictos bélicos y, en la actualidad, funciona como punto de llegada de itinerarios senderistas y como uno de los miradores más reconocidos de la ciudad.
El libro de Luis Miguel Ortiz García-Minguillán dedica cerca de doscientas páginas a desgranar los sistemas de comunicación en España, la implantación de la telegrafía óptica, el telégrafo de Mathé y el análisis constructivo de la torre.
Además, recopila mediante fotografías, localizaciones y descripciones cada una de las torres levantadas en la provincia, desde Fuente el Fresno hasta Fuencaliente.
La presentación concluyó con la firma de ejemplares por parte del autor y la degustación de un vaso de Aurora, un brebaje que se elaboraba en el siglo XVIII durante la celebración del Santo Voto.
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