Los agricultores y las cadenas de supermercados rechazan el establecimiento de un techo a los precios de los alimentos básicos propuesto por la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz. El presidente de COAG en la Región, José Miguel Marín, cree que las cadenas seguirían manteniendo sus márgenes de beneficio a costa de pagar menos a los proveedores. “Habría una presión que no podríamos soportar y, al final, se dejarían de cultivar los productos que tuvieran un tope”, manifestó Marín. Recordó que la normativa europea impide la fijación de precios y apuntó que tampoco hay consenso dentro del Gobierno. Las cadenas de supermercados aseguran que repercuten el aumento de sus costes cuando no tienen más remedio, porque “los consumidores se van a comprar a otro sitio si les suben los precios”.

Yolanda Díaz aboga por llegar a un acuerdo con la gran distribución y con los consumidores para ‘topar’ los precios de los alimentos básicos con el fin de poner coto al encarecimiento de la cesta de la compra. Sin embargo, el ministro de Agricultura, Luis Planas, ha respondido que la propuesta no es viable en una economía de libre mercado, porque la legislación no lo permite.

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José Miguel Marín defiende que “todo el mundo tiene que obtener un beneficio” y asume que “los eslabones de la cadena alimentaria tienen que cobrar sus costes y percibir un beneficio razonable“. Sin embargo, se pregunta cómo es posible que productos como la sandía, que se pagan a los agricultores a 25 céntimos en años normales, “cuesten dos euros en el supermercado que está a 30 kilómetros. Nadie se lo explica”.

También pone como ejemplo el caso del melocotón de Cieza, que en el campo se está pagando a poco más de 80 céntimos, mientras que en las grandes cadenas supera los tres euros.

El presidente de COAG considera que la única alternativa para evitar que los consumidores tengan que pagar una cantidad desorbitada por los productos que el agricultor cobra prácticamente a precio de coste “es Ley de la Cadena Alimentaria, que prohíbe trabajar a pérdidas”.

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José Miguel Marín advierte de que si se estableciera un tope a los precios de los alimentos, “las cadenas tratarían de mantener su márgenes de beneficio” a costa de sus proveedores. “Habría una presión que no podríamos soportar”. A su juicio, si los ingresos de los agricultores se vieran aún más mermados por la falta de rentabilidad, “dejarían de cultivar”, por lo que cree que “habría que pensar mejor qué podemos hacer”.

Por su parte, el director general de la Asociación de Supermercados de la Región (Asumur), Javier Ruano, asegura que las cadenas de distribución hacen esfuerzos por retrasar la repercusión de los costes en sus productos, “porque existe una gran competencia y los consumidores se van a comprar a otro sitio si ven que suben los precios”. El representante de la patronal propone rebajar la fiscalidad a los alimentos y “aplazar la aplicación del impuesto al plástico”, que entrará en vigor el próximo año.

Ruano sostiene que “en España las cinco grandes cadenas de supermercados tienen el 50% del mercado”, mientras que el resto se reparte entre un elevado número de empresas. “Hay mucha competencia y eso obliga a intentar contener los precios”, aseguró, mientras que “en los países nórdicos la concentración del mercado de la distribución en las grandes cadenas llega al 80%. España es el país en el que más competencia hay entre las empresas”, afirma.

Atribuye el aumento de los precios de los lineales a los intermediarios y al incremento de los costes de la electricidad y del gas que consumen las cámaras frigoríficas y de la logística, “que representan un 40% del coste”. Añade que también se han encarecido los envases, los plásticos y los demás materiales, además de las materias primas.

Tampoco los pequeños comerciantes son partidarios de poner tope a los precios. El presidente de la Asociación de Comerciantes del Mercado Santa Florentina, José García, afirma que aplicar esta medida en la plaza de abastos sería “altamente complicado”, dado que los precios de todos los productos (verduras, frutas, carne y pescado ) “varían mucho a diario, tanto al alza como a la baja”. Fluctuación que “depende de muchos factores, como la cantidad y calidad del producto, que cambia en función de la temporada», por lo que «fijar un tope en el precio de según qué alimentos llevaría a incurrir en pérdidas a algunos comerciantes”, precisó.