colas de hambre han ido creciendo mes a mes y el verano no ha sido una excepción. Allí, les proporcionan productos básicos para ellos y también para sus hijos.

Héctor lleva 8 meses acudiendo a las colas del hambre y señala que le proporcionan «de todo un poco, verdura, leche…». Tiene muy pocos ingresos y los pocos que tiene se le van en el alquiler. «Me ayudan con 400 euros y 300 son para el alquiler solo de una habitación», asegura.

Por otro lado, Ana maría, sin trabajo y embarazada. Manifiesta que una vez a la semana pide cita para que la ayuden y acude a las colas de hambre.

Otro afectado, asegura que no tiene trabajo y tampoco ningún ingreso. Además, apunta que lleva sin trabajar 5 años y necesita «comer y almorzar cada día». También, un joven manifiesta que tiene que acudir a las colas de hambre después de que tanto su novia como él perdieran el trabajo, ambos de administrativos.

Los voluntarios aseguran que «es muy duro»

Por su parte, los voluntarios siguen sin acostumbrarse. Una de ellas señala: «Es muy duro, hay gente muy muy necesitada. Hay mucho extranjero, pero hay mucho español también».

Comentan que acuden numerosas mujeres, sobre todo «muchas madres» y explican que suelen ir una vez a la semana y la mayoría no tienen ni trabajo ni ingresos.

«La nueva pobreza es eso, perder el trabajo, tener una hipoteca y no poder hacer frente, al final acabas en la calle. El típico pobre de antaño no es», manifiestan. Lamentan que cada día son más las personas que acuden y se suman a estas colas de hambre.