“Es como un bucle del que no puedes salir”, explica entre lágrimas a Antena 3 Noticias Luz, una joven madre de dos niñas y embarazada de un tercer bebé que ha perdido su trabajo y tiene que vivir en casa de su hermano. “Toda la vida trabajando para, ahora, tener que volver a empezar desde cero”, lamenta.

Manuela es una jubilada que vive una situación similar: con una pensión de 750 euros tiene que alimentar a toda su familia. Ese el motivo, cuenta, por el que hace años tiene que recurrir a la caridad. “Ha subido todo tanto de precio que no podemos ni pagarlo. Lo estamos pasando muy mal”, explica.

Muchas de estas personas acaban de perder el trabajo después de haber conseguido un contrato tras pasar lo peor de la pandemia. Otras llevan varios meses en situación de ERTE y otras, las más desesperadas, no trabajan desde 2020 y, además, se les han acabado las ayudas estatales.

La situación empezó a agravarse hace 3 semanas

Antes de que la inflación se desbocase, miles de familias llegaban muy justas a final de mes y ahora, con los precios disparados, no han tenido más remedio que pedir ayuda para poder comer.

Los encargados de este tipo de centros de distribución, que suelen ser parroquias, explican que desde hace tres semanas se viene registrando un aumento en el número de usuarios de las colas del hambre. En muchas de estas parroquias, de hecho, ya están teniendo que tirar del stock que guardan “para casos de emergencia”.

Añaden que a la inflación se le ha sumado la huelga del transporte y los efectos todavía letales del desastre económico causado por la pandemia de coronavirus.