El pasado 8 de septiembre, el BCE acometió una de las subidas de tipos de interés más importantes de la historia. La presidenta del Banco Central, Christine Lagarde, justificó el incremento en el gran problema que está provocando la inflación en la zona euro y afirmó que no dudará en acometer nuevas subidas si así fuese necesario.

Actualmente, el euro atraviesa una difícil situación como divisa. Tras haber llegado a cotizar a 1,40 dólares por euro, la moneda europea se ha depreciado fuertemente. Precisamente, la semana pasada, el euro marcó nuevos mínimos de 20 años por debajo de 0,98 dólares. Debido a dicha fragilidad con respecto al dólar, el BCE no tiene mucho margen de maniobra ni para velar por la estabilidad de precios ni para recuperar la fuerza y competitividad del euro.

Devaluación del euro

El BCE aseguró en sus últimas reuniones que acometerá las políticas monetarias necesarias para controlar la coyuntura económica que atravesamos. Como refleja el desplome de la moneda europea frente al dólar, el organismo va a tener que acrecentar la agresividad en su política para hacer competitiva la divisa frente al dólar, dólar que, entre otros factores, impulsa su fortaleza gracias a su status de valor refugio.

Diferentes economistas aseguran que el BCE debe acelerar las subidas de tipos de interés para asemejarse a sus homólogos de la FED. Añaden que la Reserva Federal, lleva ejecutando subidas de tipos desde hace ya muchos meses, lo que quiere decir que el BCE va muy por detrás y por eso, la devaluación está siendo tan acuciante este año 2022.

¿Cómo afecta a la economía?

El primer efecto de la devaluación del euro que ya se percibe en la economía es el incremento de las exportaciones de la Unión Europea. Al ser el euro una moneda más barata que hace un año, el valor de los bienes en euros se ha abaratado. Sin embargo, la parte negativa es que la fuerte dependencia de Europa de combustibles fósiles -y el hecho de que estos coticen en dólares- ha disparado el valor de las importaciones.

Como consecuencia de estos dos sucesos, la zona euro está experimentando su primer déficit comercial desde hace más de 10 años.

Así, los distintos agentes económicos de la zona euro (empresas y familias) están sufriendo muchísimo la devaluación de su divisa que se traduce en menor poder adquisitivo, en una menor confianza empresarial y, por último, menor capacidad de endeudamiento con el exterior.

Consecuencias en los precios

Como podemos observar, la inflación subyacente (sin contar alimentos elaborados y energía) de la zona euro no para de crecer desde que comenzaron los planes de estímulo del BCE y de los gobiernos.

Justo hace un año Funcas concluía que la credibilidad de la independencia del Banco Central con respecto a los Estados sería determinante para el devenir de la economía. Y, efectivamente, así ha sido. Las reticencias a tomar la inflación como un problema serio en la parte final del año pasado y la primera mitad de este año (recordemos que Christine Largarde lo consideraba como algo “coyuntural”) ha hecho que el monstruo de la inflación se descontrole. De forma general, toda la población tiene ahora un poder adquisitivo mucho menor, la desconfianza inversora se ha disparado y, sobre todo, que la credibilidad del euro se ha puesto en tela de juicio.

Gran incertidumbre

Devaluación del euro, exportaciones débiles, importaciones crecientes, precios disparados tienen como resultado una deuda externa en la zona euro que crece a un ritmo elevado. El aumento considerable de la deuda externa es el resultado de todos los indicadores comentados y analizados a lo largo del artículo. Por lo tanto, si sumamos al panorama económico actual el desproporcionado endeudamiento externo que posee la zona euro y también añadimos el endeudamiento público de cada estado miembro nos encontramos en una tesitura muy complicada a la que reaccionar.

Como hemos podido observar, la caída del euro no solamente ha generado que el BCE responda con subidas agresivas en los tipos de interés, sino que, nos ha hecho más débiles y vulnerables al comercio internacional, tanto en materia de exportaciones como importaciones. Con un euro débil cada importación supone un incremento de precios para el ciudadano y cada incremento de precios genera desconfianza por parte del consumidor y del empresario para afrontar futuros consumos e inversiones. Por lo tanto, los datos nos revelan que la caída del euro, vía devaluaciones, sí está provocando una cascada de consecuencias negativas en toda la estructura económica de la zona euro.

En los últimos datos de la Comisión Europea en referencia a la confianza del consumidor revelaba la gran incertidumbre que está sobrevolando y sobrevolará las vidas de los ciudadanos en la zona euro. Este indicador muestra de forma objetiva la realidad que atraviesa el ciudadano de a pie. El mismo ciudadano que se encuentra con un Euribor desbocado, los precios de la electricidad y la gasolina a los que accede muy elevados y todo ello sumado a las perspectivas económicas modificadas a la baja por parte del Banco de España hace que, la confianza del consumidor y empresario, en definitiva, de los agentes económicos se encuentre en los niveles más bajos de hace décadas.