La NBA está en riesgo. La competición, que se debe reanudar en un ‘búnker’ junto al complejo de Disney, podría no regresar debido al gran incremento de casos de coronavirus en Orlando, estado donde se debe disputar el torneo.

Desde que Ron Desantis, gobernador de Orlando, rebajara el confinamiento, ha habido una subida del 15% en relación a positivos por la COVID-19.

Sobre los 2.253 test realizados, en resultados publicados el 18 de junio, un total de 316 individuos dieron positivo. Hace dos semanas se hicieron 2.732 test y tan solo se registraron 56 contagios.

Michelle Roberts, primera mujer directora ejecutiva de la NBA, fue clara: “Mi consuelo es que nuestros jugadores no estarán en la ciudad de Orlando”.

“Estarán en el campus durante casi toda su estancia hasta el final de la temporada, y llegarán allí en vuelos no comerciales”, dijo.

El objetivo es crear una burbuja segura para los jugadores y poder terminar así la temporada.

Con todo, Kyrie Irving, estrella de los Brooklyn Nets, está liderando una corriente que no es precisamente partidaria de retomar la competición. El motivo, la lucha antirracista que se está llevando a cabo y que, con el regreso de la NBA, podría quedar ensombrecida, según Irving.

LeBron James es de la opinión contraria. El de los Lakers quiere terminar el torneo y mantiene una posición que choca con, por ejemplo, la de Dwight Howard, compañero en la franquicia angelina.