Hace 50 años, el 6 de febrero de 1973, diez marineros gaditanos morían en la costa de Lanzarote en el naufragio del pesquero “Domenech de Varó”, mientras que cinco de ellos fueron dados por desaparecidos, nadie informó a sus familiares de que sus cuerpos fueron enterrados en cinco nichos sin nombre.

Durante este medio siglo José Manuel Pose, que tenía 18 años cuando ocurrió el naufragio, como el resto de los familiares de esos cinco marineros, han vivido con la pena de pensar que los cuerpos de sus padres desaparecieron en el mar.

Llorar una desaparición en el mar

“Es un dolor inmenso, no se lo deseo a nadie. Recuerdo el dolor de mi madre, no lloraba una muerte, lloraba una desaparición en el mar, no se recuperó de aquello”, explica a EFE.

Medio siglo después, han descubierto que aquellos cinco cuerpos sí fueron recuperados y están enterrados en el cementerio de San Román de Arrecife y han emprendido su lucha para traerlos a su tierra.

Sus familiares comenzaron a ponerse en contacto hace unos meses, cuando al acercarse el 50 aniversario de la tragedia, pensaron rendir un homenaje a las víctimas.

“No nos conocíamos, pero ahora, con Internet, con dar a una tecla llegas muy lejos”, cuenta José Manuel Pose, que ahora preside la Asociación de Familiares y Amigos de las Víctimas del Naufragio del Buque Domenech de Varo.

Empezaron a reunir información. Pose hizo un viaje de 11 días a Arrecife en el que buceó en diferentes archivos.

Así fue como se reconstruyó el relato de aquel barco que partió de El Puerto de Santa María, con doce hombres de esta localidad y de Sanlúcar de Barrameda, Barbate y Cádiz, para faenar en la costa del norte de África.

En una noche de mala mar, el buque tuvo que dirigirse a Arrecife para solucionar una avería y colisionó con unas rocas. “Cuando escuché ‘el boom’ del golpe, puse piernas en el suelo y ya tenia el agua a la barriga”, relata hoy José Mangas, el único de los dos supervivientes que aún vive, en Sanlúcar de Barrameda.

Olas gigantes se fueron llevando a todos los tripulantes. Sólo el patrón y él lograron llegar a la costa.

Aquella noche aparecieron los dos primeros cadáveres y por la mañana, un tercero. Los dos supervivientes pudieron identificarles, antes de regresar a su tierra.

Cinco nichos sin nombre por un naufragio

Pero a partir de ese momento “las autoridades y organismos peninsulares y en concreto de la Bahía de Cádiz, dejan de facilitar información a los familiares acerca de las apariciones del resto de los cuerpos”.

La prensa local de la isla dio cuenta de que los días siguientes fueron recuperados cinco cuerpos más.

Sus cuerpos, sin identificar, fueron enterrados en nichos sin nombre, junto a los de los tres que sí fueron identificados. Nunca se informó a las familias.

Los familiares han cuantificado en 14.900 euros la cantidad que necesitarían para completar la identificación y traer sus restos a sus localidades de origen.

Entre ellos hay gente muy humilde que “tendrían que esperar otros cinco años” para poder ahorrar los gastos. Por ello han iniciado una campaña para recabar ayuda.

La diputada provincial de IU, Carmen Álvarez, ha registrado una moción que el pleno de la Diputación Provincial de Cádiz abordará.

Sanar una parte de la pena

“Sus esposas han fallecido sin poder llevar flores a una tumba y con el dolor de pensar durante toda la vida que los cuerpos estaban sumergidos en el mar”, explica la moción, que entiende que “hay una responsabilidad moral por parte de las administraciones”.

Los familiares aseguran que están recibiendo apoyo para sus gestiones de ayuntamientos, partidos y cofradías de pescadores, salvo del Instituto Social de la Marina.

“No reclamamos nada. En caso de que lo hiciéramos estaría prescrito”, dice el presidente de la asociación, que entiende que lo único que persiguen es destapar “la cruda realidad, que aquello se tapó” y que se haga hoy “lo que no se hizo en su día” identificar a unos marineros muertos y que sus familias puedan saber donde están sus restos.

María del Mar Rodríguez, vecina de Sanlúcar de Barrameda, ni siquiera conoció a su padre. Él la vio nacer, se despidió de ella en el hospital y a los once días murió en aquel naufragio a los 23 años, un año después de casarse con su madre. Nunca pensó que tendría más vínculo con él. Ahora que casualmente encontró su nombre en las redes sociales puede, 50 años después, sanar una parte de su pena.

“Cada uno de nosotros tenemos un 70 por ciento de posibilidades de que nuestros padres estén en alguno de esos cinco nichos y un 30 por ciento de que sean los dos que realmente desaparecieron en el mar. Pero queremos correr el riesgo. Hasta ahora teníamos un cero por ciento de posibilidades”, dice el presidente de la asociación.