“He vuelto a vivir”, confesaba Ancelotti nada más ganar una Liga al modo vikingo: arrasando. Este italiano, hijo de un campesino de Reggiolo, había bajado un escalón en el fútbol mundial para entrenar a clubes como Nápoles y Everton. Agosto nos parece muy lejano, pero el Real Madrid no partía en la ‘pole’ para ganar el campeonato y la vuelta de Carlo había sido, cuanto menos, una sorpresa.

Al final, el transalpino ha ganado a todos su apuesta más arriesgada: sin apenas rotaciones, el equipo no se ha caído en toda la temporada. El trabajo físico de Pintus se apreció sobre todo en la segunda parte contra el Sevilla en el Pizjuán, donde los blancos apuntalaron la Liga, y en la prórroga contra el Chelsea en Champions League.

Hay quien piensa que el Madrid ha ganado esta Liga a pesar de Ancelotti y no gracias a él, pero lo cierto es que nadie pensaba ni por asomo que este equipo arrasaría en todas las estadísticas al inicio de temporada; solo ha perdido tres partidos en el campeonato doméstico. Tal vez el italiano haya ganado todas las grandes ligas europeas de casualidad.

En Twitter hay muchos entrenadores, pero solo Ancelotti ha llegado semifinales de Liga de Campeones en cuatro décadas diferentes. También será la suerte, que es tozuda. Tal vez tenga que disculparse por ganar dos títulos esta temporada, Liga y Supercopa, y estar peleando por meterse en la final de Champions ante el City de Guardiola.

Merecido campeón

El Real Madrid parecía un equipo envejecido en el que los jóvenes no terminaban de arrancar. Con la llegada de Carletto, Benzema y Courtois son los mejores del mundo en su posición, Vinícius ha explotado como goleador, la pareja Alaba-Militao ha hecho olvidar a Ramos-Varane y Modric parece rejuvenecido.

Hemos visto a un equipo práctico, que sufrió más ante los equipos pequeños que se le cerraban atrás. Un equipo que ha ganado jugando bien, mal y regular, que no se rinde nunca y que ha peleado todos los partidos hasta el final; un equipo adaptable a cada situación, capaz de luchar con bazuka o florete. Solo dejó de ser líder en la jornada 2.

Ancelotti empezó alineando arriba a Benzema-Bale-Hazard, pero pronto sentó al galés y al belga; no se ha casado con nadie, porque no se esperaba esta segunda oportunidad que le ha dado la vida. Por eso está disfrutando como nunca y yendo hasta el final con sus ideas: a Madrid se viene a pasarlo bien y, por supuesto, a ganar. Contra todo y contra todos.

Incomparecencia de Atleti y Barça

El Atleti parecía en principio el mejor situado para reeditar título: había ganado la última Liga y se había reforzado con Griezmann y De Paul. Sin embargo, ahora están a 20 puntos del campeón, jugándose los puestos de Liga de Campeones y debatiendo si hacer el pasillo o no a los blancos. El Barça, a pesar del 0-4 en el Bernabéu, ni ha comparecido.

En cualquier caso, el Madrid era un club en reconstrucción tras la marcha de Cristiano Ronaldo y, sin embargo, desde que empezó la pandemia ha ganado dos ligas, quedándose a 20 minutos de otra el año pasado. También ha alcanzado dos semifinales de Champions League… y todo sin utilizar apenas a cuatro de sus delanteros: Hazard, Bale, Mariano y Jovic.

De hecho, la entidad blanca ha tenido balance positivo en sus cuentas los dos últimos mercados de verano; no fichó, sino que cubrió bajas con Camavinga y Alaba. Jugadores como el propio Camavinga, Valverde, Rodrygo, Asensio o Ceballos ilusionan, pero las escasas rotaciones arrojan una pregunta sobre la planificación deportiva: ¿será suficiente con Mbappé y Rüdiger?

“¡A por el miércoles!”

“¡Sí se puede, sí se puede!”, cantaba la afición en el Bernabéu nada más ganar la Liga. Lejos quedaba ya el torneo doméstico; tenían puesta la cabeza en el choque ante el Manchester City… y Ancelotti lo corroboraba micrófono en mano en Cibeles: “¡A por el miércoles!”. Aquello era, oficialmente, una celebración-conjura. Esa voracidad histórica convierte al club en una trituradora, pero que explica por qué sus vitrinas rebosan. Puritito Real Madrid.