La imagen no deja de tener un insólito punto quijotesco. Un gran rebaño de ovejas y algunas cabras pastan en la tarde de este domingo junto al descomunal parking de aviones en que se ha convertido el Aeropuerto de Ciudad Real, invadiendo los desolados viales de un polígono fantasma. Los animales, vigilados por dos hermosos y mansos perros pastores, deambulan ajenos a su horizonte: medio centenar de aparatos que esperan luz verde para despegar algún día, cuando el COVID-19 lo permita.
El plan de Ciudad Real Internacional Airport SL (CRIA), la nueva empresa gestora del aeropuerto de Ciudad Real, era aprovechar las instalaciones para destinarlas a aparcamiento, mantenimiento o desguace de aviones. Alguno llegó a cuentagotas desde diciembre de 2019, pero lo que sus directivos no podían imaginar hace apenas un año, antes de la paralización del sector aéreo por la pandemia COVID-19, es que este aeropuerto desierto, que apenas servía para otra cosa que para filmar películas, se convertiría en una de las mayores «jaulas» de aeronaves de Europa.
Raro es el día que los «spotter» o fotógrafos a la caza de instantáneas de aviones no sacan tajada en la inmediaciones del aeropuerto, y hasta los mismos pilotos se asombraban, durante sus aproximaciones, de la cantidad de aeronaves que duermen en las pistas del aeródromo.
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El aeropuerto ciudadrealeño alberga más de cincuenta aviones. Los acuerdos entre las compañías aéreas, la empresa española de mantenimiento y reciclaje de aviones «Jet Aircraft Services», Hispano-Lusitana de Aviación o Kinetic Global Support han permitido que duerman en la planicie manchega parte de las flotas de Iberia, Vueling, Aer Lingus, Galistar, Maleth Aereo, Virgin Atlantic o Cathay Pacific, aparcados o retirados por la crisis del COVID-19.
Ahora, a medida que se vislumbra la rendición del virus por vacunación, comienzan a registrarse algunos despegues.

Está previsto que la multinacional norteamericana Willis Lease Finance Corporation instale aquí su centro de mantenimiento, reparación y desguace de aviones, un proyecto respaldado por una inversión de unos 20 millones de euros. También se ha hablado de un plan, en colaboración con Galistair, para la realización de vuelos chárter.
Pero mientras todo esto se materializa, o no, las dudas e incertidumbres siguen planeando sobre el futuro de la infraestructura, a veces con detalles como el de la marcha del halconero y responsable del Control de Fauna del aeropuerto, Rubén Olvera, que dejó su trabajo lamentando los «impagos» de la empresa.
Aún está por ver si el polémico aeropuerto de Ciudad Real consigue convertirse en ese soñado nodo logístico que impulse decisivamente la economía del sur de la provincia.
