Hay una regla básica: cuando todo el alumnado suspende, el problema no es el alumnado. Es el profesor. Y cuando se te van los socios y tu propio equipo no funciona, la justificación no es victimizarse.
La salida de Vox de la Junta de Gobierno Local, órgano que realmente gobierna el día a día del Ayuntamiento, no es un episodio aislado ni un ataque personal, como intenta vender Ruiz. Es la confirmación de una realidad que ya era evidente: el alcalde gobierna solo.
A un año de las elecciones, Ruiz ha optado por el camino más fácil: la victimización. Dice ser “la persona a destruir”. Y ahí está el primer síntoma del problema. Cuando un alcalde habla más de sí mismo que de su ciudad, es que ha perdido el rumbo.
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El origen de la soledad del alcalde no es la ruptura con su socio “natural”. Lo que realmente explica este escenario hay que buscarlo dentro de su propio equipo. Puertollano tiene concejales que reciben una sueldo por dedicarse exclusivamente a gobernar la ciudad, pero sin capacidad real de decisión. No hay autonomía, no hay iniciativa, no hay liderazgo. Todo pasa por el alcalde. Todo se supervisa. Todo se controla. Eso no es un equipo de gobierno. Es una estructura dependiente.
Sin embargo, como suele ser habitual, existe la excepción que confirma y evidencia, aún más, el problema. El concejal de Hacienda es de los pocos que escapan de esa dinámica. Sin ruido, sin obsesión por la foto, con perfil mediático bajo, pero trabajo constante. Profesionalidad, gestión y resultados. Justo lo que debería ser lo habitual. Lamentablemente, hoy por hoy, es una salvedad.
Cuando un alcalde no confía en sus concejales, los anula. Y cuando los anula, se aísla. El resultado es evidente: un gobierno sin músculo político, sin iniciativa y sin credibilidad.
Esta dinámica ha generado una situación clara de parálisis por centralismo. Es decir, el Ayuntamiento funciona como un embudo donde todo se atasca porque nada se mueve sin la orden directa del alcalde. No es control, es bloqueo. No es liderazgo, es desconfianza.
Y mientras tanto, la ciudad espera.
La salida de Vox significa que, además de que ahora le falten votos, se ha quedado sin respaldo político real. Este alcalde no tiene aliados, no tiene equipo y no tiene margen para decidir, negociar y sostener su propio gobierno. Es decir, la soledad deriva en debilidad.
Pero alcalde no se equivoque, nadie lo está destruyendo. Compartir es vivir. Y, en política, quien no sabe compartir el poder, termina perdiéndolo. Y quien convierte su gobierno en un espacio de control absoluto, acaba gobernando en soledad.
Puertollano no necesita un alcalde que se mire al espejo y se lamente. Necesita un alcalde que mire a su ciudad y asuma por qué se encuentra en esta situación.
Sepa alcalde, que su soledad no es una estrategia de gobierno. Es el principio del fin.
Grupo Municipal Socialista de Puertollano
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