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Puertollano volvió a reencontrarse con una de sus tradiciones más profundas y emotivas durante la celebración del Santo Voto 2026, una festividad única que hunde sus raíces en el año 1348 y que sigue simbolizando la unión, la solidaridad y la supervivencia de todo un pueblo.

La ciudad acogió en el Auditorio Municipal la gala de nombramiento del Caballero y la Dama del Santo Voto, en una ceremonia cargada de emoción y sentimiento conducida por los periodistas Ana Contreras y Mario Carrero.

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Eduardo Egido y Valentina Abenójar, símbolos de la memoria de Puertollano

El historiador y divulgador cultural Eduardo Egido fue nombrado Caballero del Santo Voto 2026, mientras que Valentina Abenójar, “niña minera” de 98 años, recibió el reconocimiento como Dama del Santo Voto.

Egido, vinculado durante décadas al área de Cultura del Ayuntamiento de Puertollano, destacó la emoción que supone formar parte ahora de una tradición que durante años ayudó a organizar desde dentro.

Por su parte, Valentina Abenójar representa la memoria viva de la minería puertollanense y de toda una generación marcada por el esfuerzo y el sacrificio.

Reconocimientos y tradición

Durante la gala también recibieron menciones especiales el club Aerobics VS 2.0 Puertollano y la Iglesia Cristiana Evangélica por su labor social, deportiva e integradora en la ciudad.

Posteriormente, el Paseo de San Gregorio acogió el tradicional encendido de las calderas del Santo Voto, uno de los momentos más simbólicos de esta celebración centenaria.

“Celebrar la vida”

El alcalde de Puertollano, Miguel Ángel Ruiz, destacó la importancia de mantener vivas las tradiciones y subrayó que el Santo Voto representa la celebración de la vida y de la historia colectiva de la ciudad.

El delegado provincial de Sanidad, Francisco José García, recordó además que esta festividad está reconocida como Fiesta de Interés Turístico Regional y Bien de Interés Cultural, poniendo en valor el enorme arraigo popular que mantiene en Puertollano.

Una vez más, el fuego de las calderas volvió a iluminar los rostros de generaciones enteras de puertollanenses en una noche marcada por la emoción, la memoria y el orgullo de pertenencia.