Las subidas de precios desorbitadas en Estados Unidos y en Europa se producen por causas diferentes, por lo que las soluciones para moderar la inflación, además de subir los tipos de interés, vendrían por aplicar políticas fiscales restrictiva

Aunque a diferente ritmo, la inflación desbocada golpea a ambos lados del océano. En Estados Unidos, el IPC se desaceleró dos décimas en agosto, al 8,3% desde el 8,5% de julio. En la zona euro, por el contrario, los precios están lejos de moderarse. Según los últimos datos de Eurostat, la inflación media de Europa en agosto llegó al 9,1% en tasa anual, dos décimas más que el 8,9% de julio, y superó por primera vez desde que se creó la moneda común la barrera de los nueve puntos.

La tendencia alcista de los precios en Estados Unidos y en Europa no tienen el mismo origen y, por tanto, deberían tratar de moderarse con políticas monetarias diferentes, según los expertos consultados. La inflación europea está en manos del Kremlin, su guerra en Ucrania y su poder sobre el grifo del gas. La estadounidense, sin embargo, obedece al fuerte repunte de la demanda tras la pandemia. Pese a las diferencias, ambos bancos centrales responden con la misma política: subir los tipos de interés. 

En Estados Unidos la inflación es de demanda y en Europa es de oferta

Como explica a Newtral.es Ángel de la Fuente, director ejecutivo de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea), hay dos tipos de inflación. La que origina un aumento de la demanda y la conocida como inflación por costes o provocada desde el lado de la oferta.

La inflación por demanda es la que obedece a las normas del mercado, es decir, si la demanda excede a la oferta, los precios aumentan. Es el caso en Estados Unidos, donde han subido los precios por causas mayoritariamente domésticas relacionadas con un fuerte aumento de la demanda tras el parón del consumo durante la crisis del coronavirus. 

“Estados Unidos salió de la pandemia con un tirón de la demanda, bajos niveles de empleo y una política monetaria extremadamente expansiva con muchísimas ayudas y subvenciones”, explica Antoni Cunyat, profesor de Economía y Empresa de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y de la Universidad de Valencia. Es decir, la Reserva Federal aumentó la oferta de dinero para estimular la economía del país y, por tanto, la cantidad de dinero disponible para que prestaran los bancos.

Por contra, la inflación en Europa está causada por la oferta. Como explica el experto de Fedea, “en este caso hay una subida muy fuerte de los precios por la crisis de la energía y de ciertas materias primas; es una inflación importada, externa”. Cunyat, además, incide en que la guerra de Putin en Ucrania ha afectado mucho más a Europa que a Estados Unidos. “En Europa son las materias primas las que han subido su precio por la guerra, por lo que son las empresas las que trasladan los mayores costes para tratar de mantener sus márgenes”.

Los bancos centrales reaccionan subiendo los tipos de interés 

Para luchar contra la tendencia inflacionista, los bancos centrales de ambos lados del charco han optado por subir los tipos de interés, aunque a diferentes ritmos. La Reserva Federal de Estados Unidos ha decidido este miércoles subirlos hasta el 3,25% y no descarta seguir aumentándolos hasta conseguir “devolver la inflación al objetivo del 2%”. Además, las proyecciones del banco central estadounidense auguran tipos más altos este año y el próximo, hasta situarse por encima del 4,5%.

El Banco Central Europeo también ha subido los tipos, pero mucho menos. El último incremento ha situado los tipos en un 1,25%, el aumento más alto de su historia. Aunque aún por debajo de las subidas en Estados Unidos, la presidenta del BCE, Christine Lagarde, advirtió que está dispuesta a llegar a tipos más altos aún a riesgo de entrar en recesión ya que “las presiones sobre los precios han resultado ser mucho más fuertes y persistentes de lo previsto originalmente”, según afirmó en un discurso en Frankfurt.

Según Lagarde, la inflación en Europa se debe a dos shocks “sin precedentes”. El primero, la reapertura tras la pandemia. El segundo, la guerra de Rusia en Ucrania que “ha agravado enormemente la escasez de oferta y ha llevado los precios de la energía a niveles extraordinarios, lo que hace aún más difícil prever la inflación”.

Aumentar los tipos y aplicar políticas fiscales restrictivas: las opciones de Europa

El eurobanco apuesta por aplicar medidas para reducir la oferta: “Si hubiera indicios de que la elevada inflación corre el riesgo de desanclar las expectativas de inflación, el tipo de interés político compatible con nuestro objetivo se situaría en territorio restrictivo”, afirmó Lagarde.

La presidenta del BCE se refiere a que, cuando la inflación es alta y persistente se acaba trasladando a las expectativas de las familias y empresas. Es decir, éstas esperarán que suban más los precios. “Dicho de otra forma, si la población empieza a creer que la inflación va a durar y va a ser cada vez más alta (en vez de ser un fenómeno temporal y transitorio) toman las decisiones en función de esto y empezaría la espiral inflacionista”, argumenta Cunyat. Es decir: una subida de precios que provoca una subida de salarios, que empuja un aumento de los costes de producción que a su vez fomenta un incremento del coste de las materias primas que hace que suban de nuevo los precios. Y vuelta a empezar.

Por tanto, si en algún momento el BCE cree que están aumentando las expectativas de inflación (desanclar) aplicará una política monetaria todavía más restrictiva. Una situación que, a nivel nacional, podría impedirse a través del pacto de rentas. 

Para los expertos, otra manera de reducir la inflación sin recurrir a tipos de interés tan altos es aplicar una política fiscal restrictiva, altamente impopular: reducir el gasto público y aumentar los impuestos. “Justo lo contrario que ocurre en España ahora que se acercan las elecciones donde las comunidades autónomas están optando por reducir los impuestos”, recuerda Cunyat.

EEUU se adelanta a los resultados a los que llegará Europa en unos meses

Estados Unidos comenzó a subir los tipos de interés antes que en Europa y sus tasas son mayores. “Lo que está pasando ahora en EEUU es lo que ocurrirá en Europa en unos trimestres”, indica Cunyat. “El pico de inflación en Estados Unidos se alcanzó en junio, desde entonces está bajando, además están afectados por una recesión técnica provocada por la subida de tipos”.

En Europa, sin embargo, el crecimiento del PIB sigue en números positivos pero las cifras de inflación siguen aumentando. También en España, que no es la excepción. “Es de esperar que el BCE siga los pasos del banco central estadounidense y suba los tipos para intentar frenar la inflación”, añade el experto. 

De hecho, el BCE afirma en sus previsiones que “es probable que la inflación se mantenga por encima del objetivo del 2% durante un tiempo prolongado”. Así espera un alza de precios este año del 8,1%, del 5,5% en 2023 y el 2,3% en 2024. Además, como en EEUU, el eurobanco apunta a una recesión técnica para finales de año. El BCE alude a un “estancamiento de la economía durante los últimos meses del año y en el primer trimestre de 2023”. Y prevé que el crecimiento de la zona euro sea del 3,1% en 2022, el 0,9% 2023 y el 1,9% en 2024.